La Agencia Gubernamental de Control e ingenieros contratados por el Gobierno de la Ciudad intentan distraer y confundir a la población

Ante la nueva visita al país y al Estadio Monumental del grupo AC/DC, se volvió a repetir un fenómeno físico que diversos intereses pretenden ocultar.

Las ONG’s de distintos barrios donde se observa este fenómeno vienen luchando frente a poderosas corporaciones que lideran el “showbusiness” en Argentina. Más grave aún, quienes deberían controlar intentan minimizar el tema, distrayendo y confundiendo a la población.

El 23 de marzo pasado, durante el recital de AC/DC, se tomaron mediciones que evaluaron dos aspectos del problema. La Agencia Gubernamental de Control del Gobierno de la Ciudad lo hizo registrando apenas el grado de "molestias" que el fenómeno ocasionaría sobre el confort de las personas, mientras que las ONG’s del Bajo Belgrano se dedicaron a registrar los efectos de estos movimientos inducidos sobre las estructuras edilicias y a aplicar Normas Internacionales.

Cabe aclarar al respecto que según las normas internacionales que regulan este fenómeno, conocido como resonancia, las personas podrían no detectar los movimientos, ni tampoco sentir molestia alguna, lo que no implica que las estructuras edilicias no se vieran afectadas por las vibraciones de baja frecuencia.

Cuando la frecuencia natural a la que vibran las estructuras es inferior a 3 Hz las Normas Internacionales indican de forma categórica que NO DEBEN REALIZARSE RECITALES POR EL RIESGO QUE ELLO IMPLICA.
Los resultados obtenidos por ingenieros especializados en la medición de este tipo de vibración de baja frecuencia sobre estructuras de cemento y edificios dejaron con una grave preocupación a los residentes ubicados a varios kilómetros de la cancha del Club Atlético River Plate y de otros estadios, ya que todos ellos sufren las consecuencias de este fenómeno.

Según relatan los habitantes de estas zonas el problema no es sólo que los edificios se muevan, el problema es que también a ojos vista se rajan las paredes, los caños se rompen, los azulejos se quiebran y saltan en pedazos, hay ventanas metálicas que se doblan sobre su eje, etcétera, etcétera.

Todos los índices muestran categóricamente que los saltos acompasados (pogo) de miles de personas sobre el campo de juego y/o sobre las tribunas producen ondas vibratorias de muy baja frecuencia, que se transmiten por el subsuelo y chocan contra los cimientos de las construcciones, induciendo el fenómeno físico conocido como resonancia, que es lo que provoca el movimiento oscilatorio de los edificios hacia los lados (en los ejes horizontales) y también movimientos de arriba hacia abajo (en el eje vertical), que serían los más destructivos.

Por lo tanto se plantea la responsabilidad que les cabría a los funcionarios del Gobierno de la Ciudad que permiten la organización de estos espectáculos, a las Fiscalías especializadas y a los Organismos de Control, además de la dirigencia privada y también a quienes los avalan con informes quasi científicos, que en vez de prevenir y alertar para evitar tragedias y daños posibles miran hacia otro lado, o tratan de confundir a la población midiendo "el grado de molestias en el confort" y/o comparan los movimientos con "el efecto del viento" como si las Normas Internacionales específicas para recitales en estadios y los antecedentes de accidentes en diferentes lugares del mundo como consecuencia de este fenómeno no existiesen.